Esta semana tocó el tema de los colores. No quise ser repetitivo o común; menos después de haber visto Glass. Exacto, esa última pieza del rompecabezas de M. Night Shyamalan. Fue extraordinario. Entonces, después de haberla visto tuve que pensar bien en que pieza tenía que poner para recordar conforme pasen los años aquí.
Además, tuve la idea de comentar, dado que fue una de esas semanas difíciles que, solo el dinero no te aporta lo necesario para poder crecer como persona. Tal vez, existen personas que gastan fortunas en discos, pero esa música no es la mejor. Nuevamente volvemos al tema ¿Quién determina cuál es la mejor música? Bueno, pues resulta que ese discurso es una moralidad para alejar a los legos e ignaros de la posibilidad de degustar auditivamente de lo mejor. Claro, puedes hacer lo que quieras, escuchar lo que quieras, pero no lograrás mucho si no te atreves a salir de esa zona de confort que el medio te promueve. Es de valientes y malosos atreverse a ir más allá. Jack London, expresa aquello como la metáfora del hombre lanzándose hacia el agua, dando vueltas. Quizás, no todos podemos dedicarnos a los clavados en el agua de forma literal, pero sí podemos lanzarnos a la aventura de conocer más allá de lo que nos tratan de imponer.
¿Alguien entiende lo que trato de expresar?
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