Depende del auto, el viaje que se realizará. Imaginemos que el viaje es en un Impala 67, azul oscuro, por supuesto. La música de fondo corre a cargo de: Gary Moore, BB King, Eric Clapton. Sin embargo, al momento, suena en medio de todo ese buen material, esta canción, sencilla, pero adecuada para un atardecer donde todo se deja atrás, la luz sobre el auto lo pone más brillante, anunciando la entrada de la luna. En el cielo no hay nubes, pero esta canción es una petición, una súplica. Los minutos siguen transcurriendo el olor a cerveza se percibe desde algún lugar y mientras una parte del trayecto es en parajes boscosos, el Impala pareciera tener vida propia y buscar rodando sobre calles suburbanas con letreros de productos comerciales, en las entradas de los establecimientos hay todo tipo de personas y cualquier color iluminado en sus refrigeradores.
Pero el Impala sólo quiere seguir rodando, hace calor, pero sopla el viento; así que el jinete del Impala se detiene a comprar un par de cervezas en una de esas tiendas que quedan a medio peñon, en algún lugar desconocido. El hombre es padre de varios hijos y en el retrovisor se observa una mujer, pero no es la madre de ellos, así que la mujer tampoco sabe nada de blues, ni de inglés; por lo que la canción se repite en este punto, una y otra vez. El hombre voltea al cielo y en algún punto un niño escucha en su corazón esa súplica y canta: Make it rain! Canta con tanto dolor y tanta intensidad que se desgarra la garganta y se desalma, pero es inútil, nadie escucha más que las fuerzas invisibles que han estado aquí desde hace tanto tiempo que han escuchado muchas veces esta canción.